Necesitas cuidarte para poder cuidar a tus hijos.
“Los niños aprenden a sonreír de sus padres.”
—Shinichi Suzuki
Cuando mis hijas eran muy pequeñas, a menudo me pedían algo de comer o tomar mientras manejaba el automóvil. No había manera alguna que yo lograra convencerlas de lo absurda que era su petición. ¿Vengo manejando, no se dan cuenta? Este escenario se presentaba por lo menos una vez a la semana, y por más que intentaba razonar con ellas, era imposible. Pienso que los padres actuamos de una manera igualmente irracional cuando exigimos de nosotros mismos cosas que no tenemos dentro de nosotros.
Hay un pasaje bíblico que ilustra precisamente esto, se encuentra en 1 Juan 4:19. “Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero” (NVI).
Entendí que es imposible dar a nuestros hijos algo que no tenemos, es decir; primero necesitamos tener amor para poder dar amor. Recibir el amor de Dios nos permite mostrar amor a otras personas. De la misma forma, no podemos enseñar algo que no sabemos, o esperar que nuestros hijos tengan una fe en algo que nosotros mismos no creemos, o darles paz si estamos angustiados.
Este es un principio básico de paternidad. Necesitamos primero recibir para entonces poder dar. Tratar de ayudar a nuestros hijos sin arreglar lo que estaba fuera de orden dentro de nosotros jamás va a funcionar. Con nuestras palabras tal vez deseamos formar actitudes positivas en ellos, pero nuestras acciones inculcan todo lo contrario. Muchas veces nuestra falta de atención hacia nuestra propia vida perjudica a nuestros hijos, es algo como “inconsciente” porque es precisamente por el amor genuino que tenemos por ellos, que buscamos darles lo que nosotros no tuvimos o no tenemos, pero esa es precisamente la raíz de muchos problemas, no porque sea algo malo lo que queremos para ellos, sino porque no podemos darles algo que no hemos recibido.
Por ende, el primer paso para ayudar a nuestros hijos es ayudarnos a nosotros mismos. Esto no es egoísmo: es sabiduría.
¡Papá, mamá! ¡No olvides tu nombre de pila! Recuerda que hay muchos roles que desempeñamos, somos esposos, hijos, amigos, hermanos, sobre todo; individuos. Atiéndete, toma un día libre, 5 minutos más al día para terminar tu taza de café en silencio; duerme un poco más, disfruta a tu pareja, tengan una cita. Regálate la oportunidad de romper la rutina al menos un día y ríete del desastre. Sobre todo: ve a Jesús… Recibe su amor… así podrás amarte primero.