El tesoro de jugar diariamente con tus hijos.

 

“Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino del cielo pertenece a los que son como estos niños.”
Mateo 19:14 NTV

 

Dentro de la gran cantidad de ocupaciones que se tienen a diario; entre hacer la comida, trabajar, llevar a los niños a la escuela, volver a hacer de comer, lavar trastes, y VOLVER A HACER DE COMER de repente nos podemos encontrar absorbidos por cosas muy importantes y cuando nuestros hijos se acercan con nosotros para decirnos -¿mamá, papá jugamos a los bloques? ¿Papi, quieres jugar a hacer pistas de carros? ¿Mami jugamos a la cocinita? ¿Mamá, podemos hablar? - nuestro primer instinto es buscar mentalmente por qué no es el mejor momento para jugar.

​Haz este ejercicio, piensa o intenta recordar alguna memoria de tu infancia, una que quizá involucre a tus padres. Puedo garantizarte que la gran mayoría de ellas giran en torno a algún juego o actividad intencional que tus papás llevaron a cabo contigo. Viviste quizá de 18-25 años bajo su techo y tus memorias más palpantes tienen que ver con actividades recreativas.

Hay una razón por la cual eso sucede. El juego es de los mayores estimuladores del crecimiento y desarrollo de carácter en la infancia. Por eso cuando, como figura paterna te involucras en el juego, los resultados son hijos:

1. Seguros – Hay un entendimiento subconsciente cuyas ideas son válidas y que sin importar que solo es para jugar, tú quieres ser parte de ello.

Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino del cielo pertenece a los que son como estos niños Mateo 19:14 NTV

2. Con buena autoestima – El tener tu atención para jugar aún las cosas más sencillas les comunica que ellos valen tu tiempo, que ese tiempo es importante para ti.

3. Abre su corazón para la disciplina y la instrucción – Dedicar tiempo a involucrarnos a las actividades o intereses que nuestros hijos tienen, también nos abre la puerta a utilizar el mismo medio para ejemplificar el amor de Dios, enseñar y corregir con ternura.

No escatimes el impacto de lo que 10-15 minutos de juego y/o conversación intencional puede hacer en el corazón de tus hijos.

 
 
 
 
 
 
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